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domingo, 10 de mayo de 2009

Pakistan: la última guerra por la supervivencia

Civiles hacinados en los hospitales y 1.3 millones de desplazados que se disputan hasta la última migaja de comida en los campos de refugiados, son las imágenes que nos llegan de Pakistán, a medida que la guerra que empezó hace casi una década en Afganistán, se extiende sin remedio.

Aviones de guerra no tripulados han bombardeado Waziristán, en el Territorio Tribal Federal al norte, soldados que avanzan sobre los escondites de los milicianos talibanes, los bombardeos se han vuelto frecuentes en el Valle de Sawat en la Provincia de la Frontera del Noroeste –NWFP–. Pakistán libra lo que ellos mismos han denominado como “la batalla de la supervivencia”. Un controvertido mapa publicado por BBC recientemente muestra cómo la NWPF, cuyo límite termina a unos 100 kilómetros de Islamabad, está prácticamente bajo el dominio talibán. (Ver:
Pakistán y su caída en picada hacia el Talibán. )

Las operaciones militares, respaldadas por Estados Unidos y que se intensificaron la semana pasada, tienen como objetivo recuperar las zonas más estratégicas, cortar las vías de acceso de los milicianos talibanes que aprovechan la relativa independencia y lealtad de las tribus del norte, e impedir el avance o la toma de Islamabad. Según algunas organizaciones no gubernamentales, los talibanes se han atrincherado entre la población civil. El gobierno de Pakistán asegura que aparte de las innegables bajas civiles causadas por operaciones militares, las milicias han abierto fuego indiscriminado contra la población.

La guerra en Afganistán y Pakistán amenaza con convertirse en el fantasma del presidente estadounidense Barack Obama, que antes de su posesión había anunciado que si bien retiraría las tropas de Irak, actuaría decisivamente en Asia Central. Y es que lo que durante el gobierno del presidente Bush se llamó Guerra Global contra el Terror –GWOT –, ahora se llama Operaciones de Contingencia en el Exterior –OCO–, un nombre muy amplio y menos bélico que el anterior, que según el Washington Post, intenta no solo suavizar la imagen de las operaciones militares estadounidenses ante la opinión pública sino evitar que el actual presidente caiga en la tentación de justificar la violación a los derechos humanos.

Hacía un par de semanas, el General David Petraeus, jefe del Comando Central de Estados Unidos, le había advertido a la administración Obama sobre la inminencia de la caída de Islamabad bajo el talibán, de no actuar decisivamente en contra de los milicianos. Con Petraeus coincidieron Asif Ali-Zardari, Presidente de Pakistán, y de Hamid Karzai, Presidente de Afganistán durante su visita a Washington la semana pasada, que entre otros asuntos habría tendido como objetivo prepararse para las operaciones militares que actualmente se desarrollan a lado y lado de la problemática frontera.

El rescate de Pakistán, por llamarlo de alguna manera, podría ser el preámbulo de una confrontación a gran escala en la lucha por el control de Balochistán, que según los organismos de inteligencia es el centro de operaciones del talibán. La desértica provincia de Balochistán, que comparte frontera con Irán, está bajo el radar económico no solo de Islamabad, sino de Estados Unidos y China. El territorio, que compone el 48% de Pakistán, es rico en uranio, cobre, produce más de un tercio del gas natural consumido en el país y posiblemente tiene yacimientos petroleros nada despreciables. De estratégica importancia son sus tres puertos sobre el Mar de Arabia, entre los cuales se destaca Gwadar, muy cerca del Estrecho de Ormuz. Gwadar, un puerto construido por China, es la pieza clave para el desarrollo del oleoducto entre Iran, Pakistán e India, y del no menos controvertido proyecto del oleoducto entre Turkmenistán, Afganistán, Pakistán e India.

Para los analistas del Informe de Inteligencia del Sur de Asia el asunto promete complicarse por cuanto los grupos nacionalistas de Balochistán, sabedores de su propia riqueza, se sienten menospreciados por Islamabad y pretenden luchar por la independencia de Pakistán. De hecho, el Partido Popular de Pakistán - PPP-, ha reconocido que varias escuelas públicas de la región han dejado de entonar y de izar la bandera pakistaní durante los actos escolares.

Los diarios de la región han informado que Ayman Al-Zawahiri, segundo al mando de Al-Qaeda, ha tomado refugio cerca de Quetta. En Balochistán temen que con la excusa de perseguir los reductos del talibán, su territorio no solo sea invadido por el ejército pakistaní – hasta el momento ajeno en la zona –, sino que éste se vea obligado ante su propia debilidad a depender de tropas extranjeras que se afincarían en su territorio.

La lucha contra el talibán que ya ha impuesto efectivamente la Ley Sharia en algunas zonas del país, promete ser dura económica, política y emocionalmente.
Pakistán ha reconocido anteriormente que algunos miembros de su aparato militar y de inteligencia son simpatizantes de los radicales islámicos de tendencia talibán, de alguna forma relacionados con Al-Qaeda. Por eso no es de extrañar que aún bajo las actuales circunstancias algunos militares sigan asegurando que el principal enemigo es India, y a regañadientes hayan aceptado mover parte de las tropas de la frontera de Cachemira. Otros argumentan que mientras el gobierno hable de pactos con los milicianos seguirán en el círculo vicioso de treguas para el rearme y el consiguiente recrudecimiento de la violencia talibán contra el estado. Por lo pronto Washington, en particular su Secretaria de Estado, Hillary Clinton, ha logrado lo impensable hasta hace unos años: que un presidente pakistaní diga públicamente que India no es una amenaza para su país.

Es aventurado predecir el desarrollo de esta guerra que comienza. Por lo pronto Islamabad ha sido enfático en su petición a la Casa Blanca de no despachar ningún tipo de tropas dentro de su territorio. Todo parece indicar que los aviones no tripulados y la OTAN tendrán que seguir operando, por lo menos por ahora, y mientras la situación no se agrava, desde Khost, del otro lado de la frontera pakistaní.


Mapa: http://news.bbc.co.uk/2/hi/south_asia/8042281.stm

sábado, 6 de diciembre de 2008

INDIA y PAKISTAN: Historia del secuestro de un atentado terrorista

Lo que comenzó con un plan secreto y de muy bajo perfil de los Servicios de Inteligencia de Pakistán (ISI) para atacar en Cachemira, se convirtió en el ataque terrorista de Mumbai. A estas alturas, ya se sabe que el grupo paramilitar pakistaní Laskar-e-Taiba (LET) y al-Qaeda fueron los cerebros de la operación que se tomó a punta de ametralladoras y granadas, restaurantes, estaciones de tren, dos lujosos hoteles repletos de turistas y un centro comunitario judío.

Difícil es armar el rompecabezas y para entenderlo es necesario explicar que el ISI tenía varios centros de operaciones -apoyados por redes LET-, uno de ellos en Muzzafarabad, la capital del Cachemira pakistaní, desde donde se planeaban ataques contra los grupos separatistas de la Cachemira india. Los otros centros, según FAS, una organización dedicada a la inteligencia militar, estaban en Nepal y Bangladesh, dos puntos estratégicos para el tráfico de armas hacia la India.

El 9 /11, fecha del ataque de al-Qaeda contra Nueva York, fue el incio del 11/26 fecha del ataque contra Mumbay. La conexión de estas dos fechas surge luego de que Pakistán se aliara en la guerra contra el terror iniciada por Estados Unidos contra al-Qaeda en Afganistán. Islamabad fue presionada entonces por los estrategas militares americanos para cerrar el centro de operaciones del ISI en Muzzafarabad. Poco a Poco tambien redujeron sus centros en Bangladesh y en Nepal.

A estas alturas, vale la pena traer a colación la existencia de la PNS iqbal, un comando del Servicio Naval de Pakistán, que según los entendidos en temas militares, era fuente de entrenamiento para las milicias LET que posteriormente se infiltraban en la India para cometer ataques en Cachemira. En plena guerra contra el terror Estados Unidos no podía darse el lujo de tener a Pakistán y a la India en pié de guerra, así que una intensa labor diplomática inició un proceso de diálogo entre los dos países que sirvió para que la violenta Cachemira tuviera una tregua. El LET fue disuelto, y como suele suceder en todo este tipo de procesos, se atomizó y a la deriva quedaron milicianos con entrenamiento militar envidiable listos a trabajarle al mejor postor, y desde luego, al-Qaeda era una opción que aprovecharon también las redes que apoyaban al Servicio de Inteligencia pakistaní en otras zonas conflictivas.

India, que siempre se había mostrado neutral justamente para no convertirse en enemigo público de al-Qaeda, como socio estratégico de la OTAN y Estados Unidos en la región, también comenzó a sentir presión interna y extranjera para cortar las rutas de al-Qaeda hacia Cachemira que fluían por territorio indio. La reacción de los extremistas islámicos no se hizo esperar y poco a poco, no es sino refrescar los titulares de la prensa, fueron ocurriendo ataques esporádicos que el gobierno indio evitaba catalogar dentro del accionar puro del terrorismo de los combatientes islámicos fundamentalistas, conocidos con el término de muyahidín.

Mientras tanto en Pakistán, el entonces director del ISI, el General Ashfaq Kiani, preparaba, en pleno proceso de diálogo con la India, un ataque de bajo perfil para apoyar a la militancia cachemir, de la que todavía quedaban algunas células. Sin embargo, a medida que aumentaban los ataques en la frontera entre Paquistán y Afganistán, la estructura administrativa del ISI sufrió cambios drásticos. A cargo quedó el mayor Zakiur Rahman, cabeza de las milicias LET. Zakiur continuó con la preparación del ataque a Cachemira.

Para entonces, algunas redes milicianas que operaban en la India y Bangladesh, estaban en manos de al-Qaeda, que gustosa, le puso el sello a la operación, así que en vez de Cachemira, todo el operativo se centró en Mumbai. Zakiur desde Karachi, sin saber realmente lo que pasaba, le puso la firma al plan. No sabia que esos 10 hombres no se dirigían a una misión de bajo perfil en la frontera entre India y Pakistán, iban directo a Mumbai para llevar acabo el atentado terrorista coordinado y sangriento, que como el 9/11, ha cambiado el panorama político en la región dejándola al borde de un enfrentamiento a gran escala.
Cuando India dice que el atentado se gestó en Pakistán, no está del todo equivocada. Cuando Pakistán dice que no tiene nada que ver tampoco está mintiendo. Mumbai fue el resultado del secuestro de una misión de inteligencia que pretendía ser una cosa y terminó siendo otra.

Aclaración: Mumbay es el nombre oficial de lo que tradicionalmente hemos conocido en español como Bombay. Aunque el diccionario Panhispánico de Dudas dice que es preferible utilizar el topónimo tradicional en español, prefiero el nombre oficial de la ciudad. Es como pretender seguir llamando a Beijing, Pekín.

jueves, 21 de agosto de 2008

Pakistán y el dominio Talibán

De Islamabad a Colombia hay una gran distancia, pero quien lo creyera, la dimisión de Musharraf y la frágil situación de su país tienen mucho que ver con la propuesta que estudia el gobierno colombiano para el envío de tropas a Afganistán.

En Pakistán, vecino de Afganistán, pareciera que los talibanes están ganando la batalla. Ya lo habíamos comentado en este mismo blog el año pasado en abril de 2007 ( http://soros-sehablaespanyol-soros.blogspot.com/2007/04/paquistan-caida-libre-hacia-el-taliban.html) y en octubre de 2006 (http://soros-sehablaespanyol-soros.blogspot.com/2007/03/pakistan-un-proximo-estado-taliban.html ). Así que la noticia, de la renuncia del Presidente de Pakistán Pervez Musharraf, titular de prensa en todo el mundo, en realidad es el pozo de la cascada de acontecimientos que se vienen sucediendo desde el nefasto 11 de septiembre de 2001.

La renuncia de Musharraf era esperada por los talibanes. Era la consecuencia lógica luego del controvertido regreso de Benazir Bhutto ( http://soros-sehablaespanyol-soros.blogspot.com/2007/10/paquistn-musharraf-bhutto-una.html) y de su posterior asesinato. La desaparición de Bhutto, impulsó en las elecciones a los dos partidos de oposición a la mayoría en el congreso. Aislado, Musharraf pierde poder, y para evitar ser destutido por sus enemigos, renuncia.

Inmediatamente comenzó la ola de ataques que se regó como pólvora de Kabúl a Islamad. En Sarobi, Afganistán, por lo menos 100 talibanes emboscaron a una patrulla mixta de soldados franceses y afganos dejando un saldo de 10 muertos y 21 heridos. Los franceses pertenecían a la ISAF -Fuerza de Asistencia para Afganistán-.

No mucho tiempo después, una serie de carros bomba estallan en Campo Salerno, la segunda base militar estadounidense más importante en Afganistán, justo a 20 kilómetros de la frontera con Pakistán. Los talibanes dicen haber matado a por lo menos 40 soldados estadounidenses. La ISAF lo niega.

Este martes, ya en Pakistán, como para que no quede duda del trayecto de la mecha, los talibanes atacaron un fuerte de Bajaur, una zona de los distritos federales tribales de Pakistán. Los muertos ya no son afganos ni están tan lejanos a Islamabad. Según Dawn, uno de los diarios más importantes de Pakistán, toda la estratégica Provincia Nororiental, excepto el Valle de Peshawar, ya está en manos de milicias talibanes. Hace unos minutos, en las goteras de Islamabad, dos atacantes suicidas se han inmolado justo a la entrada de la planta de municiones más importantes de Pakistán, matando a más de 60 personas.

Afirman otros diarios, que los cuarteles de al-Qaeda en la montañosa y apartada región de Waziristán, tienen planes precisos para continuar destrozando Afganistán y de paso desestabilizar Pakistán aprovechando el vacío de poder que ha dejado Musharraf. El objetivo, no sería otro que limitar la colaboración de Pakistán con las fuerzas multinacionales que luchan contra los talibanes y al-Qaeda.

Lo más preocupante del caso es que esta última jornada de violencia en Afganistán, pareciera no solo ser el fruto de al-Qaeda. Salem Shazaad, un periodista especialista en asuntos afganos, dice que muchos jefes tribales y religiosos, que antes apoyaban los esfuerzos de Kabul, actuan a nombre de los talibanes para, según ellos, sacar a las fuerzas de ocupación de su territorio.

El diario MidEast Times, ha informado que el Consejo Senlis, un importante grupo de estrategas políticos, aseguró que el esfuerzo por contener a la insurgencia talibana no funciona y que son necesarios más recursos. Los últimos combates "envían un claro mensaje de que la estrategia de Occidente en Afganistán está fallando", dicen, mientras aseguran que la OTAN deberá aumentar el pié de fuerza de sus hombres de 53000 a 80000. Y es curiosamente aquí, donde encaja perfectamente la solicitud que hiciera el gobierno español al gobierno colombiano para reforzar su escruadrón en Afganistán con soldados colombianos expertos en operaciones de desminado.

Así están las cosas. La politica paquistaní ha continuado en picada tal como se temía hace un par de años. No sería apresurado entonces, afirmar que la dirección que tome ahora Islamabad tendrá un altísimo impacto no solo en Pakistán y en Afganistán sino en buena parte del planeta.

La situación política en Pakistán, hasta ahora el aliado militar más importante contra los talibanes, es confusa y continúa con grandes fracturas entre los principales partidos de oposición. El Partido del Pueblo de Pakistán (PPP) de la desaparecida Benazir Butho y la Liga Nawaz Musulmana de Pakistán (PML-N) - dirigida por el controvertido, Nawaz Sharif -expresidente de Pakistán-, no han logrado ponerse de acuerdo sobre la restitución del órgano judicial paquistaní destituido por Musharraf. La razón: para Sharif la restitución es una promesa electoral; para Zardari, el viudo de Bhutto y actual jefe del PPP, es equivalente a la revocatoria de la Ordenanza para la Reconciliación Nacional que es la que lo protege de ser enjuiciado por corrupción dentro y fuera de su país.

Así pues, mientras el PPP intenta mantener a su jefe político fuera de la cárcel, y el PMLN-N, intenta lo contrario, Pakistán se hunde, ofreciendo una oportunidad de oro para los talibanes que buscan, desde hace rato, la desintegración de Pakistán y el control de Afganistán. El frágil gobierno de Hamid Karzai en Kabul solo podrá mantenerse en el poder mientras existan fuerzas extranjeras que le ayuden militarmente. Fuerzas extranjeras que tienen gran parte de su apoyo logístico en el vecino Pakistán.

Los últimos acontencimientos han abierto un gran boquete en la guerra contra el terror, que implica el uso de más fuerza militar en Afganistán. Ni Obama, ni Mc. Cain ni la misma OTAN podrán escapar al desgaste de una guerra lejana y que promete arreciar. La pérdida total de Afganistán sería el principio de la expansión talibán hacia Cachemira, y fuente de gran inestabilidad no solo en Asia Central sino en todo el Medio Oriente.

La OTAN necesita 30,000 soldados más -por ahora-. ¿De dónde los sacará?