ASIA.Asia espera que Estados Unidos continúe su papel de punto de equilibrio entre China y el resto de la región. El belicismo de Corea del Norte, la inestabilidad de Pakistán y la puja por la independencia de Taiwan serán temas decisivos para el próximo presidente.
Por Sara Guevara, especial desde Tokio para Semana.com
Martes 4 Noviembre 2008
Las primeras planas de los diarios asiáticos así como el análisis detallado y cotidiano sobre como avanzan las elecciones en los Estados Unidos, confirman que el duelo entre Obama y McCain, dejó de ser del exclusivo interés de la política interna estadounidense. Independientemente de las encuestas de popularidad, Asia no ha apostado al ganador sino que ha debatido intensamente sobre el futuro de la estabilidad militar, política y económica de una región que ha dependido por más de 50 años del paraguas de seguridad de Washington.
Asia ve con temor la predominante posición económica y militar de China. De 2003 a 2007 China ha aumentado su gasto militar en 15.8 por ciento por año. Aunque oficialmente Beijing anunció que su presupuesto militar en 2008 ascendería a $59 mil millones de dólares, se cree que en realidad está entre $85 mil y $125 mil millones de dólares. Muy por encima de Japón, Corea del Sur, India y Australia. Se teme que una política suave de Estados Unidos traiga como consecuencia el incremento de la agresividad militar china.
Asia espera que Estados Unidos continúe su papel de punto de equilibrio entre China y el resto de la región. Taiwan está a la expectativa. Obama, tal como lo ha hecho el Presidente Bush, ha reiterado que continuará trabajando con China en los campos económico y de seguridad regional, presionando a Beijing y a Taipei a solucionar amigablemente su disputa territorial. Para el taiwanés ordinario la elección del próximo presidente de Estados Unidos es un asunto de permanencia. China ha prometido desde 1949 recuperar el control de Taiwán así sea por la fuerza y hasta el momento Washington ha sido clave para asegurar que se respete la independencia taiwanesa.
Han coincidido Barack Obama y John McCain, en afirmar que el pilar de la política exterior estadounidense en Asia continúa siendo la alianza de seguridad entre Japón y Estados Unidos. En territorio japonés existen 90 instalaciones militares estadounidenses que albergan aproximadamente a 52.000 miembros del ejército americano. Sin embargo, las fuertes relaciones entre los dos países se han visto empañadas alrededor de dos puntos fundamentales. El primero, la participación japonesa en la estabilización de Afganistán y Pakistán. Si bien la guerra contra el terror selló un fuerte respaldo de Tokio a Washington, la negativa de Japón a continuar el abastecimiento de combustible a barcos de la coalición estadounidense en alta mar ha causado malestar en la Casa Blanca.
Otro punto no menos candente es la reciente aproximación del gobierno americano a Corea del Norte, que amenaza con misiles de mediano y largo alcance al territorio japonés. Tokio ha observado preocupado cómo el Presidente Bush ha suavizado su posición contra Pyongyang, y ha levantado algunas de las sanciones comerciales impuestas bajo la Ley de Comercio con el Enemigo. Los japoneses no comprenden por qué Cuba –cuyo embargo no termina- pareciera ser más peligrosa que Corea del Norte, y por qué el gobierno de Bush ha olvidado que todavía no existe ninguna solución al tema de los ciudadanos japoneses secuestrados por agentes norcoreanos.
En Seúl la preocupación y el malestar se manifiestan ante el silencio de los candidatos Obama y McCain ante el futuro nuclear de la península coreana. A Corea del Sur le inquieta que los políticos estadounidenses hayan ignorado el peligro de una Corea del Norte con armas atómicas y hayan tomado el camino fácil de eliminarla de la lista de los países que apoyan el terrorismo a cambio de las vagas promesas de desmantelar el complejo nuclear de Yongbyon a 96 kilómetros de Pyongyang y de evitar la transferencia de conocimientos nucleares a otros países considerados hostiles.
El reto del nuevo gobierno estadounidense será no solo asegurarse de que Corea del Norte está desmantelando todo su arsenal atómico sino de que los expertos internacionales tengan acceso a todas las instalaciones en las que se procesa plutonio y uranio, algo que difícilmente permitirá Kim Jong Il.
No menos importantes serán los acontecimientos que se generen en Afganistán y Pakistán, que han estudiado cada palabra de las pronunciadas por el Senador Obama durante su discurso del año pasado sobre los objetivos de su mandato contra el terrorismo. En aquella ocasión, el demócrata aseguró que varias unidades de Irak se trasladarán a Afganistán y a Pakistán para continuar la lucha contra Al-Qaeda y se refirió a la posibilidad de ordenar ataques unilaterales en el territorio del norte de Pakistán donde se cree tienen refugio las cabezas del terrorismo islámico. El nuevo presidente estadounidense deberá ganar confianza con el recién elegido gobierno de Pakistán que se muestra menos tolerante que el de Pervez Musharraf con quien el Presidente Bush selló una alianza en la guerra contra el terror.
En la lejana Cachemira las elecciones estadounidenses han tomado un carisma casi religioso. Muchos musulmanes que apoyan la independencia de la región del Himalaya o su incorporación a Pakistán, tienen la fe puesta en la educación islámica y en la ascendencia musulmana de Barack Obama. Creen que el Senador de Illinois podrá resolver el conflicto de una Cachemira divida por las pretensiones territoriales de India y Pakistán. En Cachemira ven con optimismo este nuevo compromiso de activismo. En India muchos consideran que cualquier gestión extranjera a favor de la independencia de la región rebelde es una intervención en asuntos internos del estado.
El tema económico no es menos complicado que el político y el militar. Hasta el momento Asia se ha beneficiado con el libre mercado y la globalización defendidos a ultranza por el Presidente Bush. Se espera que las propuestas proteccionistas de Obama, ampliamente respaldado por los sindicatos estadounidenses, levanten serias fricciones con Corea del Sur, donde los automóviles coreanos y japoneses registran ventas mucho más importantes que las de sus homólogos de Estados Unidos.
Beijing también espera con cautela, conocedora de que las disputas con Washington subirán de tono si Obama continúa acusando a China de manipular su moneda para hacer la exportación de textiles más barata. El déficit comercial con China llegó a la cifra record de $256 mil millones de dólares en 2007, de los cuales $30 mil millones corresponden a la importación de ropa u otro tipo de textiles. Al respecto, el magnate de las comunicaciones australiano Rupert Murdoch ha advertido que de materializarse el proteccionismo del nuevo presidente de los Estados Unidos, no solo se agravaría la crisis financiera mundial sino que China, que es dueña del 20 por ciento de la deuda estadounidense, podría pensar en algún tipo de retaliación.
Asia espera que en las actuales circunstancias de dificultad financiera mundial, el próximo presidente de Estados Unidos deje de invocar el terrorismo como único tema importante en la agenda y que en cambio, continúe con una política abierta de comercio, inversión, y desarrollo que ayude al continente asiático a superar sus propias desigualdades económicas.
En medio de la espera surgen voces que piden cabeza fría y entender la situación interna que enfrentará el nuevo presidente de Estados Unidos. Recibirá un país cuyo déficit se acerca al medio trillón de dólares que no incluye los $10 mil millones de dólares más por mes que gastan las guerras de Irak y Afganistán, ni los $770 mil millones para salvar a Wall Street. Es lógico, apuntan los analistas, que el nuevo ocupante de la Casa Blanca se dedique primero a poner en orden su propia casa.
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sábado, 8 de noviembre de 2008
jueves, 21 de febrero de 2008
OBAMA, PETROLEO, Y PETROEUROSTAN

La luna de miel, de llegar Obama al despacho oval, no será de largo alcance. Luego de la resaca electoral, sin importar el candidato, los estadounidenses despertarán ante una realidad imposible de cambiar por lo menos a corto plazo y que implica el aceptar que Estados Unidos no solo ha perdido su puesto en la economía mundial sino que además el futuro no parece ser el más prometedor.
El elector estadounidense espera el milagro económico Obama. Esperan regresar a la prosperidad de los 90, cuando el barril de petróleo estaba a USD11 y cuando Estados Unidos producía la mitad del combustible consumido. Actualmente a USD100 por barril de petróleo la propuesta económica y fiscal de Obama parece un cuento de hadas por el que habrán de pagar un alto precio los estadounidenses. Para hacerse a una idea, en 1998 Estados Unidos pagó cerca de USD45 mil millones de dólares por su petróleo importado; en 2007 la suma ronda los USD400 mil millones de dólares. Palabras más o menos, la riqueza estadounidense ha sido paulatinamente transferida a los países de la OPEP provocando la consecuente pérdida de terreno del dolar ante otras monedas, eso sumado a que hay grandes compradores del crudo a la vista: China e India.
Estados Unidos superará la crisis pero lo hará en condiciones muy débiles porque su estilo de vida es insustentable para un petróleo tan costoso. Toda esa riqueza generada por tan lujoso estilo de vida deja jugosos réditos en los Fondos de Riqueza Soberanos (SWF), que no es otra cosa que depositos gigantescos de dinero que manejan las autoridades financieras de Kuwait, por ejemplo. Cada petrodólar que ingresa aumenta la suma para alcanzar a la friolera de los 12 trillones de dólares que se esperan acumular para el 2015. Con ese dinero de los Fondos de Riqueza, el Golfo Pérsico ha adquirido calladamente varias firmas estadounidenses. La Autoridad de Inversiones de Kuwait, sin ir muy lejos, adquirió USD12 mil millones en el Citigroup y USD6.5 millones de acciones en Merryll Lynch. Otro tanto han hecho las autoridades de Abu Dhabi. Una pequeñísima muestra de la riqueza y el poder que se ha desplazado hacia el Medio Oriente y Rusia. Dice el Fondo Monetario Internacional que estos países lograron amasar US$750 mil millones de dólares en 2007, lo que nos espera a futuro no es más que la continuación de la avalancha de la dictadura del petróleo y del declive, por lo menos temporal de la economía estadounidense. Aun a expensas del estadounidense y el emigrante del común que piensa que vive en un país todopoderoso.
"Mi punto, Su Majestad será, cuando los consumidores tengan menos capacidad de compra a causa de los altos precios del combustible - en otras palabras, cuando afecte a sus familias y cause una desaceleración económica. Si la economía se desacelera no podremos comprar tantos barriles de petróleo saudita", dijo Bush antes de la audiencia real en Arabia Saudita. "Los sauditas elevaremos la producción del petróleo solo cuando el mercado lo justifique", contestó el Ministro de Petróleos Ali al-Naimi. La pregunta del millón es cuándo lo justificará el mercado. Sin duda, cuando tengan el mundo a sus pies y cuando Estados Unidos haya aprendido una dolorosa lección de convivencia con su nuevo amo.
Otro golpe contundente está tocando a la puerta. El equivalente de un sunami que, de prosperar, arrasará con la hegemonía del dólar. Sin mucho bombo y sin mayor registro en Irán ha nacido la Iranian International Petroleum Exchange (IPPE) que no es otra cosa que el primer paso para competir directamente con el IPE (International Petroleoum Exchange) de Londres y el NYMEX (New York Mercantile Exchange) de Nueva York. El último objetivo es desterrar al dólar como moneda única para operaciones petroleras y dejar en cambio, una canasta de monedas que sirvan a los propósitos de los países productores para controlar, desde su territorio, el valor del crudo. Por ejemplo desde el año pasado, Japón compra petróleo iraní en yenes, no en dólares. Así que es bien posible que tarde o temprano, Estados Unidos tenga que pagar su petróleo importado en euros no en dólares. Venezuela, Noruega y Rusia han abandonado el petrodólar. Europa, que le compra más a la OPEP que Estados Unidos, está a favor de un euro más fuerte y apoya la nueva bolsa iraní. A Rusia tampoco le disgusta la idea porque el rublo se verá fortalecido.
A Obama le será difícil actuar en el Medio Oriente. No solo no podrá traer de vuelta a las tropas desde Iraq, tan pronto como se lo ha prometido a su electorado. De cara al Medio Oriente no ha ofrecido ningún cronograma de corto alcance que sugiera pensar que la intervención militar terminará pronto. Para algunos observadores árabes, Obama ha sido demasiado pro Israel en sus declaraciones sobre el conflicto con Palestina, y algunos le ven demasiado inexperto como para medírsele a un hueso tan duro de roer.
Para América Latina las cosas no están nada claras. No solo Obama nunca ha visitado la región, sino que escasamente conoce sus realidades. Se opone a los tratados de libre comercio, aunque en sus argumentos económicos tenga la intención de fomentar las exportaciones estadounindenses, y no tendrá, aunque muchos lo crean, una mano más suave contra la inmigración ilegal. Al final, quizá los dos únicos mandatarios que le importen, por lo menos en título serán el de Venezuela, habida cuenta del petróleo y del escenario descrito, y el de Colombia, porque se quiera o no, el narcotráfico siempre será un rentable caballito de batalla.
Por ahora les dejo con una frase de Obama que parece haber salido de labios del propio George Bush. La fe, dijo, "es lo que me mueve para hacer lo que hago, lo que me renueva... Dios está con nosotros y quiere que hagamos lo correcto... nada podrá detenernos porque son las intenciones de Dios". (Redemption World Outreach Center, Octubre 7 de 2007)
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