sábado, 16 de abril de 2011

JAPON: "Aftershocks" emocionales.

Han transcurrido un mes y unos pocos días después del terremoto del 11 de marzo.  Como si fuera ayer, de nuevo estoy en una de las bancas del parque.   No hay nada que hacer.  Como yo, millones de personas lidian con los "aftershocks" o réplicas emocionales que dejó el sismo.   Cualquier movimiento alrededor puede ser el inicio de un sismo, cualquier ruido extraño pone la mente en alerta.

Los consultorios están atiborrados de pacientes que dicen experimentar "terremotos fantasmas", asì como otros síntomas: mareos, dolores de cabeza, y una tremenda ansiedad.   Todo bajo el pomposo nombre de "earthquake sickness", que en otras palabras no es otra cosa que un trauma.

No dudo que haya quienes no entiendan lo que corre por la mente en estas tierras.   Como si la amenaza nuclear que llega desde la planta de Fukushima fuera poco, Tokio y toda la región del noreste ha sufrido el embate inmisericorde de las réplicas.  Este martes tuvimos dos terremotos en Tokio - que palidecen ante los 9 del original -, dos el miércoles por la mañana, otros dos el jueves.  El más fuerte de magnitud 7.1, el lunes.

En total han sucedido màs de 400 réplicas por encima de magnitud 5 luego del terremoto del 11 de marzo.  En un mes Japón ha experimentado todos los terremotos que típicamente y con menos intensidad ocurren en dos años, de acuerdo a la Agencia de Metereología de Japón.

Los terremotos complican de forma importante el esfuerzo para controlar la planta nuclear porque muchas de estas réplicas ocurren justo en esa zona.  Por ejemplo, el terremoto del lunes volvió a entorpecer las labores de enfriamiento en la planta Daiichi y provocó la detención momentánea del sistema refrigerante en otra planta nuclear en Iwate.

Aunque la situación ha mejorado, cada vez que un sismo ocurre en Fukushima lo primero que uno piensa es en la planta nuclear y en el escape de más radiación. **(1)   Hoy por ejemplo, hace una brisa estupenda.  No puedo dejar de pensar que tengo suerte porque el viento sopla del sur.  Si viniera del norte estaríamos encerrados en casa o usando máscaras.   Le hemos cogido temor a la lluvia.  (Ver índices)**(2)  Cuando llueve, sube la radiación en Tokio, y por ende la contaminación en los vegetales.

Pero lo más preocupante es que las autoridades han estado tan concentradas tratando de enfriar los reactores y evitando una explosión de hidrógeno, que han dejado de lado la vulnerabilidad de la planta ante un nuevo tsunami.  Así que fue desconcertante escuchar las declaraciones de un funcionario de la oficina del primer ministro:  "Hace una semana pensábamos que el mayor riesgo era una explosión de hidrógeno.  Creo que el riesgo mayor en este momento es un tsunami  provocado por una réplica fuerte".  Razón no le falta.   Fukushima continua siendo sacudida por sismos a muy poca profundidad y relativamente fuertes.  EL menor ha sido de magnitud 3.  TEPCO ha reconocido que está considerando todas las opciones para salvar el sistema refrigerante que por ahora solo podría aguantar un tsunami de 5 metros.  El problema es si ese tsunami ocurriera antes de que se tomen los correctivos del caso.

 El sonido histérico de los celulares anunciando un sismo de más de magnitud 5 en los próximos 10 segundos es estresante.  En estas semanas no es raro estar viendo la televisión y escuchar la alarma, o ir en el metro y ver cómo nerviosamente todo el mundo mira el celular, o estar en clase y que un estudiante interrumpa para avisar que viene un terremoto.  Todos nos miramos en silencio, instintivamente nos sujetamos al escritorio, y esperamos la sacudida.  En el fondo, no sabemos de que magnitud sea.

Los geólogos dicen que las réplicas se han reducido pero que continuarán siendo fuertes en algunos casos, y que pueden seguir por unos 5 o 10 años.   Al fin y al cabo el terremoto del 11 de marzo fue tan potente que un sismógrafo de la Guardia Costera Japonesa, anclado en el fondo del mar, se desplazó 24 metros hacia el este.   El aeropuerto de Sendai, ese que hemos visto convertido en un río de aviones y autos, se desplazó 4 metros de sus coordenadas iniciales.  

Semejante movimiento ha activado nuevas zonas de estrés, aumentando la posibilidad de nuevos terremotos en algunas fallas, y reduciéndola en otras.  Lo que no nos han dicho es en cuál de estas dos categorías está la falla que causó el trágico terremoto de Kanto en 1923, que provocó la muerte de miles de personas en Tokio.  En qué estado están esas tres placas que se juntan un poco más al sur de Tokio, y las multiples fallas que van hacia todos los lados justo debajo de la capital.   "Lo cierto es que hay una sismicidad notoria que se extiende por unos 200 kilómetros del punto de fractura", dicen los sismólogos.

Para completar el registro, Satoko Oki, un sismólogo de la Universidad de Tokio dice que una réplica perfectamente puede llegar a 8 grados de magnitud.  La experiencia del terremoto de Sumatra de 2004 así lo indica.  Luego de los 9.1 que provocaron el tsunami que mató a más de 200 000 personas en varias costas de Asia, a los tres meses llegó otro de 8.6, seguido de otros cuatro de gran magnitud.    Eso preocupa y nos pende como una espada de Damocles.   Sin embargo, queda la esperanza de que como en Chile, luego de esos 8.8 grados de magnitud, no subamos del 7.1 que ya registramos esta semana.

Justamente ahora cuando escribo hemos tenido otra réplica, esta vez al lado de Tokio, en la prefectura de Ibaraki.  Magnitud 5.9.  Así, ni en un parque se puede estar en paz.   Solo queda la seguridad de estar a campo abierto y de no sentir tan fuerte el vaivén que supone estar en un piso alto.

Volviendo al tema de las "réplicas emocionales" se sabe que los psiquiatras no dan abasto en la zona de desastre.  En Japón, donde todavía ir al psicólogo o al psiquiatra supone un estigma, muchos se niegan a buscar apoyo y están curiosamente acudiendo a otorrinolaringólogos.  Piensan que ese mareo constante tiene que ver con el vértigo.  No es así, me asegura una sicóloga. Un gran porcentaje de esos síntomas físicos provienen del trauma profundo que deja una experiencia que amenaza la integridad física.

Yo a veces prefiero no hablar del asunto.  Prefiero no volver temprano a casa y  he comenzado a detestar la soledad.  A veces recuerdo el crujir de la estructura del edifcio, ese sonido particular de la tierra, y el estruendo de todo lo que caía dentro de casa.  He dejado de disfrutar la comida, la cerveza y el vino. No entro en ningún edificio que no me parezca seguro. Analizo rutas de escape y el estado de escaleras y paredes. Tomo media pastilla diaria para poder dormir.  A veces me descubro soñando con cosas imposibles y saliendo de un país en el que hasta hace muy poco me sentía a gusto. Yo no he perdido nada... ¿Cómo estarán quienes lo perdieron todo?

(1)**  Para ver esta página en español o en inglés, favor utilizar la herramienta de google ahí mismo.  (Reactor 4 no tiene datos).
(2)**  Para ver esta pagina en español o en inglés, favor utilizar la herramienta de google ahí mismo.  (Los picos corresponden a días de lluvia).